Esta técnica de invalorable beneficio para el varón infértil fue introducida a la práctica médica en el año 1992, por el doctor Gianpiero Palermo. Consiste en inyectar un solo espermatozoide en el interior del óvulo, usando la llamada técnica de micro manipulación. Apenas se necesita un espermatozoide por cada óvulo aspirado. Se requieren equipos sofisticados y mucha experiencia ya que se trata de una técnica compleja.
El ICSI (‘Intra Citoplasm Sperm Injection’) se utiliza en las siguientes situaciones:
1. Varones con número y/o movilidad muy baja de sus espermatozoides.
2. Varones sin espermatozoides en el eyaculado pero que si producen los producen.
3. Varones sometidos a la vasectomía
4. Varones sometidos a la extirpación de la próstata
5. Varones con lesiones graves de la médula espinal.
6. Fracasos previos en lograr la fecundación del óvulo a través de la FIV convencional.
Hay cuatro maneras para obtener a los espermatozoides que se utilizarán para el ICSI:
1. Directamente del eyaculado, cuando se trata de una muestra con muy pocos espermatozoides y/o muy baja movilidad.
2. Por punción del epidídimo en los casos en los cuales no hay espermatozoides en el eyaculado, pero si hay producción.
3. Por punción o por biopsia testicular cuando no es posible obtener a los espermatozoides desde el epidídimo.
4. Mediante la técnica de electro eyaculación en los varones con lesión medular.
A fin de evitar repetidas tomas de muestras de espermatozoides, todos aquellos que no se utilizan se los congela para emplearlos, de ser necesario, en nuevos procesos de ICSI.
Las posibilidades de éxito con el ICSI son las mismas que con la FIV convencional.
Cuando las muestras de semen son muy anormales, siempre realizamos análisis complementarios para localizar si existen defectos que puedan justificar la patología e incluso recomendar que no se emplee esa muestra sin las debidas precauciones.